lunes, 9 de enero de 2017

Va de retos lectores para 2017 (II): RETO BIBLIOBIBULI 2017


 Mi lista de libros o de autores pendientes de leer y/o descubrir aumenta considerablemente cada semana que pasa, y entre los autores que pueblan dicha lista están Isabel Allende (sí, lo confieso, soy de las pocas personas que a día de hoy no he leído nada de esta escritora), algunas de las obras de Vargas Llosa, por citar dos de los autores literarios más significativos de un largo etcétera.

 Una buena manera de reducir nombres de escritores o títulos de obras de esa extensa e interminable lista de pendientes es a través de un reto que he descubierto no hace muchos días organizado por el blog Bibliobibuli, espacio virtual sobre libros del que no tenía conocimiento tampoco de su existencia  hasta que lo descubrí por casualidad. El reto que propone tiene la finalidad de leer mínimo un libro de cada uno de los autores que aparecen en la imagen del banner. 

¿Factible? El tiempo dirá, pero sí que motiva lo suficiente como para emprender la marcha y una buena manera de adentrarme de una vez en el mundo literario de autores que a priori no me acercaría, al no ser habituales entre mis preferencias literarias, como John Green o Federico Moccia; o bien autores que uno sigue la pista, pero cuyas obras va postergando en el tiempo, como Albert Espinosa; o volver a la senda literaria de Ken Follet, Murakami o Carlos Ruiz Zafón, o iniciarme en Isabel Allende, por ejemplo.

 Como se puede ver en la imagen el reto abarca autores de diferentes épocas y perfiles totalmente diferentes, y ese otro de los puntos que me ha movido para apuntarme al reto.

 No haré lista previa de libros de los autores porque uno nunca sabe qué libro va a elegir hasta que no se encuentra con él o hasta que no encuentra el momento propicio para acercarse a una obra u otra. 

 En esta misma entrada iré señalando las entradas de las lecturas que vaya compartiendo.

  1. AGATHA CHRISTIE

 2. ALBERT ESPINOSA

 3. ELISABETH BENABENT

 4. FEDERICO MOCCIA

 5. WILLIAM SHAKESPEARE

 6. HARUKI MURAKAMI

 7. ISABEL ALLENDE

 8. JOHN GREEN

 9. KEN FOLLET

 10. LAURA GALLEGO

 11. STEPHEN KING

 12. UMBERTO ECO

 13. CARLOS RUIZ ZAFÓN

 14. JÚLIA NAVARRO

 15. MARIO VARGAS LLOSA

domingo, 8 de enero de 2017

Va de retos lectores para 2017 (I): RETO SABUESOS 2017


 Lo confieso. No he podido caer en la tentación de apuntarme al  reto lector que organiza el blog No solo leo de Sabuesos 2017.

 Pese a que mi ritmo lector no fue el deseado el año pasado, aunque no dejé de leerlo, y mi actividad bloguera se resintió en ciertas épocas del año 2016, entre las lecturas que tuve la oportunidad de hacer había predominio del género de la novela negra, un género que me apasiona.

 Suele ser un género habitual entre mis opciones lectoras, sin dejar de lado, eso sí, otros caminos por los que transitar, mas uno no se cansa nunca de seguir descubriendo nuevos autores u obras y de acercarse a novelas de este género literario de otros países. En definitiva, uno no se cansa nunca de encontrar sabuesos con perfiles diferentes y de seguir disfrutando de la lectura, que de eso se trata.

 Como indica No solo leo en sus bases del reto este consiste en leer novelas con un detective, policía, investigador...como protagonista. 

 Veremos si en este 2017 consigo encontrar nuevos autores, redescubrir aquellos que uno va dejando de lado y que tienen publicadas novelas del género negro y reducir la lista de pendientes...

 En esta misma entrada iré enlazando las entradas de aquellas lecturas que formen parte de este reto lector y que vaya realizando a lo largo del año 2017.


sábado, 7 de enero de 2017

Descubriendo autoras con Nobel de Literatura: Svetlana Alexiévich y su Los muchachos de zinc.


La primera vez que supe quién era Svetlana Alexiévich fue cuando saltó  a los medios de comunicación la noticia de que la Academia Sueca le había concedido el Premio Nobel de Literatura de 2015. Hasta aquel preciso momento no sabía - o no le había prestado la debida atención- nada de esta escritora y periodista bielorrusa, por lo que decidí apuntar su nombre en la famosa (y extensa) lista de autores y obras pendientes para cuando llegase el momento oportuno.

 No puede decirse que Los muchachos de zinc, obra que comparto en esta primera entrada del 2017, sea el primer libro que leo en este nuevo año que he empezado, pues inicié a mediados del mes de diciembre su lectura, con la intención de anotarla como lectura de 2016 y como autora leída para el reto de Mujeres laureadas de 2016 organizado por Lidia Casado, pero no ha sido hasta estos días iniciales de enero cuando la he concluido.

Obras de este tipo nos hace formular un sinfín de interrogantes: ¿Conocemos la realidad de los conflictos bélicos que se suceden o se han producido en determinadas regiones del mundo? ¿La población civil sabe realmente qué es lo que sucede más allá de las fronteras del país en el que vive? ¿Conocen los ciudadanos toda la información acerca de ciertas acciones o misiones militares en las que participa su país? ¿Recibe la población información verídica de cuanto acontece en esos conflictos?

Son estas algunas cuestiones un tanto extrañas, o no, para formular en estas fechas navideñas que ya concluyen, pero uno puede llegar a planteárselas cuando se acerca a través de la literatura a ciertos episodios de la historia reciente. Capítulos no muy alejados en el tiempo de los que uno tiene vaga constancia, tal vez por ignorancia, de cómo y por qué se produjeron ciertos conflictos armados y qué sucedía en esos años de período bélico.

Los muchachos de zinc plantea una visión, a través de testimonios directos de soldados del ejército y de sus familiares de la realidad de la guerra entre la Unión Soviética y Afganistán producida entre 1979 y 1989.

Mas, ¿qué sucedió para que la Unión Soviética, la URSS, accediese militarme en territorio afgano y se iniciase un choque armado de años de duración?

El 25 de diciembre de 1979 tropas soviéticas invaden Afganistán. Esta acción militar vino precedida por diferentes acontecimientos de índole político-militar en territorio afgano ocurridos meses antes de la invasión militar. 

17 de julio de 1973. Mohammed Daud Khan, con una relevante carrera militar sobre sus espaldas y tras haber desempeñado diferentes labores de responsabilidad política en el Gobierno, da un golpe de estado derrocando al rey proclamando la república. Su forma de gobernar, así como las políticas planteadas para impulsar económicamente al país, y que fracasaron, amén de alejar a los islamistas de la política nacional y los constantes enfrentamientos entre el Partido Revolucionario Nacional y el Partido Democrático Popular de Afganistán (PDPA), provocaron el descontento popular. 

En abril de 1978 un militante del partido opositor, el PDPA, es asesinado por agentes del régimen de Daud, lo que provoca toda una sucesión de hechos en cadena (una manifestación multitudinaria de protesta, el encarcelamiento de dirigentes del PDPA, etc.) generando numerosas protestas pacíficas por parte de la población civil (como Revolución de Saur es conocida esta revuelta popular) y que desencadenó en un golpe militar.

 La irrupción de los golpistas en el palacio presidencial supuso la muerte de Daud y el ascenso al poder del PDPA, partido comunista fundado en 1965 y que gobernó el país desde 1978 hasta 1992 cuando los fundamentalistas islámicos accedieron al poder.

Las reformas impulsadas en todos los ámbitos de la sociedad por el nuevo gobierno ni el Tratado de Amistad y Cooperación de 1978 firmado entre Afganistán y la URSS no fueron del todo bien recibidas. 

 El gobierno estadounidense no veía con buenos ojos la firma de dicho tratado, por lo que desde mediados de 1979 la CIA, a partir de una orden de Jimmy Carter, el entonces presidente estadounidense, empezó a financiar en secreto a los mujaidines, quienes merced al apoyo logístico y económico recibido por la administración estadounidense iniciaron un período de atentados en protesta por las reformas que el gobierno afgano proyectaba y presentaba. 

 El Gobierno de Afganistán, ante la serie de atentados, decidió pedir ayuda  como aliado que era a la URSS y el 25 de diciembre de 1979 el ejército soviético entra en territorio afgano pensando que su presencia en el país tendría poca duración. Nada más lejos de la realidad. No fue hasta febrero de 1989 cuando los últimos soldados soviéticos abandonan el país. 

 Diez años de conflicto en los que muchos militares soviéticos perdieron la vida o desaparecieron. Diez años silenciados por el poder soviético, sobre las consecuencias sobre los militares o cómo vivían el conflicto. Diez años de duración sobre lo que se denominó como el Vietnam afgano. 


Autora: SvetlanaAlexiévich
Título: Los muchachos de zinc
Publicado en 2013
Edición en castellano: 2016
Editorial Debate
330 páginas
ISBN: 978-84-9992-629-2
Svetlana Alexiévich habla en Los muchachos de zinc de aquellos soldados soviéticos que acudieron al conflicto de Afganistán pensando en que su (supuesta) supremacía militar iba a prevalecer y regresaron con la moral hundida y con el pensamiento que el gobierno soviético no hacía lo suficiente por ellos ni por sus familias. 

En Voces de Chernóbil o La guerra no tiene rostro de mujer, otras obras de esta  escritora y periodista bielorrusa, da voz  a testimonios directos, a los protagonistas de lo acontecido y explicado en esos textos literarios. Lo mismo hace en Los muchachos de zinc. Ofrece en sus poco más de 300 páginas relatos de diferentes soldados, de familiares que han perdido a sus hijos en territorio afgano o que han visto cómo han vuelto con vida sus vástagos. Da voz a todos ellos para exponer un conflicto con poca información para la población civil, para criticar el silencio del poder político y militar soviético.

 Es un ensayo duro (el por qué del título es porque los ataúdes de  los soldados fallecidos en combate que eran repatriados estaban fabricados con ese material, el zinc) donde la desesperación de las familias que ven cómo vuelven sus hijos, cómo vuelven ante lo visto los soldados que no han sido abatidos, el desasosiego de estas se transmite desde el primer momento. Asimismo, ofrece voces que se cuestionan el papel ofrecido por el poder político y por la sociedad en general que cree las palabras del gobierno.

 La publicación de esta obra no fue bien recibida. Las últimas páginas de este ensayo incluyen buena parte de las consecuencias de la publicación de Los muchachos de zinc: acusaciones a la autora de divulgar falsos testimonios, de falsear la realidad, demandas, manifestaciones a favor de que se supiese la verdad mostrada por la periodista, etc. Como se puede ver ante la publicación de la realidad siempre surgen otras voces que intentan desacreditar a quien publica y lo expuesto en las páginas del libro en cuestión...

 Aquí unos fragmentos de Los muchachos de zinc. No son los más representativos, pero sí una buena muestra: 


   "Nuestra credulidad da pena. Los responsables políticos nos convencían de algo que ni siquiera ellos se creían.
 Las recomendaciones del responsable político antes de la vuelta a casa: de lo que se puede hablar y de lo que no. Ni una palabra sobre los caídos, porque somos un ejército grande y poderoso. No debéis extenderos sobre los abusos, porque somos un ejército grande, fuerte y moralmente sano. Romped las fotografías. Destruid los carretes. Aquí no hemos disparado, no hemos bombardeado, no hemos envenenado, no hemos volado por los aires. Somos un ejército grande y fuerte, el mejor del mundo..."

    [...]  (pág. 80)

"Comienza el bombardeo...El proyectil vuela, ese silbido...Se te hiela el corazón...Sientes dolor en tu interior...Han salido de misión dos soldados y un perro. El perro ha regresado, pero de ellos ni rastro...Comienza el bombardeo...Vamos corriendo a escondernos en las trincheras. Mientras, los niños afganos bailan de felicidad en los tejados. Transportan a  un muerto de los nuestros...Los niños se ríen, baten palmas..."

  [...] (pág.171)

" A veces me paro a pensar...¿Y si no hubiera ido a esa guerra? 
Habría sido feliz...No me habría decepcionado a mí mismo y no  habría descubierto cosas de mí que era mejor no saber."
[...]
No nos lo decían abiertamente, pero estaba claro: nos llevaban a Afganistán. No me entrometía a mi destino...Nos hicieron formar en la plaza, leyeron una orden y nos anunciaron que éramos soldados internacionalistas...Todo se percibía con mucha calma, no estabas para decir: "¡Tengo miedo! ¡No quiero!". Nos marchábamos a cumplir con el deber internacional, estaba clarísimo..."

 [...] (pág.172)


 Es una obra dura, pero no por ello debe dejar de recomendarse. Dejaré, eso  sí, un tiempo prudencial para volver a acercarme a alguna de las otras  obras que esta periodista bielorrusa tiene en el mercado traducidas al castellano, pues intuyo que Voces de Chernóbil, una de las obras de referencia de Svetlana, presenta la misma dureza y la misma expresividad que Los muchachos de zinc.

Para quien desee acercarse  literariamente a uno de los capítulos de la  historia del siglo XX esta es una buena opción de lectura...


sábado, 31 de diciembre de 2016

Última entrada del año: días que van, días que vienen...Bienvenido 2017

 
Fuente de la imagen: Cover Talavera


Tempus Fugit. El tiempo pasa volando. Sin ser del todo consciente del paso del tiempo han pasado cerca de tres meses, día arriba, día abajo, desde la última entrada publicada, allá por el 9 de octubre. Casi tres meses de sequía bloguera en los que no he compartido impresiones de ninguna lectura realizada desde entonces ni publicado aquellas entradas iniciadas, pero no concluidas, y que han quedado aparcadas en un cajón.

En esta última entrada del año no quisiera repetir los mismo argumentos, motivos de ausencia o excusas expuestos en anteriores ocasiones de este mismo año 2016, pero el ajetreo estudiantil ha sido el principal obstáculo que me ha impedido actualizar Atrapado por los libros con la frecuencia que a mí me hubiese gustado, así como pasear por y comentar en otros blogs sobre libros. He continuado leyendo, sí, pero cuando iniciaba el proceso de redactar una entrada la dejaba para centrarme en otros menesteres...

Esa sequía de actividad bloguera también me ha impedido cumplir o completar de manera adecuada con todos aquellos retos lectores a los que decidí apuntarme a principios de este año que concluye. Cierto es que el objetivo de todo reto lector o de toda aventura lectora es disfrutar con lo que se lee, disfrutar con aquellos textos literarios con los que uno decide adentrarse, salir de la posible zona de confort en la que posiblemente estamos instalados y aventurarse por otros paisajes. El placer por leer ha seguido presente, pero no con la fuerza necesaria.

No quisiera ofrecer en esta última entrada del año 2016 pinceladas de excesivo pesimismo en cantidades desorbitantes, pues este espacio virtual tiene también un hueco para el optimismo. 

Fuente de la imagen: Mama contra corriente

El pasado 22 de diciembre este blog cumplía 3 años de existencia. Si bien la constancia ha sido uno de los puntos fuertes de este blog, sobre todo en este 2016, la motivación por seguir compartiendo lecturas, por adentrarse por territorios inhóspitos, por descubrir nuevos autores y obras, por acercarme a géneros poco a nada transitados en mi camino como lector, sigue ahí, y espero en este 2017 seguir en la trinchera literaria y aportar mi granito de arena en este amplio mundo de los blogs literarios. 

 Para este 2017 a pocos retos literarios me apuntaré, aunque haya algunos, como el Reto Sabuesos de No solo leo, que me seducen y motivan lo suficiente como para intentar tirarme de nuevo a la piscina, como para seguir enganchado al género de la novela negra y seguir en la búsqueda de sabuesos.

 No me planteo para este 2017 propósitos especiales (todos sabemos que cada inicio de año el tema estrella es el de plantearse propósitos que luego se acaban no cumpliendo), salvo el de continuar disfrutando con la lectura y seguir descubriendo otros mundos, seguir por otros hilos por los que tirar en una u otra dirección. 

 Desconozco si en este nuevo tendré la oportunidad de asistir a presentaciones de libros y firmas de estos de autores representativos y de los que he leído más de una obra. Y es que los pasados meses de octubre y noviembre tomé la decisión de adquirir las últimas novelas publicadas de Pérez Reverte 

y de Dolores Redondo


Dos mundos literarios diferentes, dos autores representativos del panorama literario español actual con estilos diferentes. Una más cercana al lector que el otro. Ambos con discurso, con algo que decir, que aportar.

 Y para concluir esta última entrada del año solo queda apuntar: 

 Un GRACIAS a todas aquellas personas que han pasado por aquí a lo largo de este año y de los anteriores, gracias a quienes han comentado, a quienes solo han leído las entradas, a quienes recomiendan lecturas sumamente interesantes, a quienes en otros blogs comparten impresiones lectoras y ayudan a descubrir nuevos autores y nuevos horizontes.

 Y  Feliz AÑO NUEVO!!!!





domingo, 9 de octubre de 2016

Las consecuencias de la bomba atómica en Hiroshima en Lluvia negra, de Masuji Ibuse

Fuente de la imagen: Static 2 Sobre historia

  Hay determinadas acciones militares a lo largo de la historia y en según qué conflictos bélicos que han causado consecuencias de enorme magnitud y provocado o bien la declaración de guerra por parte de una serie de países hacia otro estado, el que ha iniciado las hostilidades, o bien la rendición del país sobre el cual se ha producido la eventualidad militar.

 6 de agosto de 1945. El paso del tiempo tal vez ha provocado el olvido de un hecho importante, de una acción militar de consecuencias insospechadas, dado que hasta aquel momento no se había materializado un ataque de tales características como el producido aquel día de verano de 1945 o el de tres días después de ese mismo año en una localidad cercana. Aquel "lejano" día del mes de agosto cayó sobre la ciudad japonesa de Hiroshima una bomba atómica. La segunda cayó tres días después, 9 de agosto, en otra localidad nipona: Nagasaki.


  Mas hasta llegar a este punto de la historia de la II Guerra Mundial y de la Humanidad sucedieron toda una serie de capítulos bélicos enmarcados en el desarrollo de la segunda gran contienda bélica del siglo XX que desembocaron en este hecho.

 En mayo de 1945 la Alemania nazi  tras observar cuán de rápido avanzaban las tropas aliadas en territorio alemán, cómo estaban perdiendo algunas posiciones estratégicas, cómo el ejército ruso lograba entrar en las calles de Berlín y cómo moría-se suicidaba su máximo representante militar y líder alemán, Adolf Hitler, decidió capitular. Pese a este hecho la II Guerra Mundial no había concluido del todo, seguían los movimientos militares, las escaramuzas en las trincheras. Japón aun seguía combatiendo sin ofrecer ningún tipo de rendición.

Fuente de la imagen: Totallyhistory
Entre mediados del mes de julio y primeros días del mes de agosto de aquel 1945 se produjo una importante reunión entre la Unión Soviética, Reino Unido y los Estados Unidos, las potencias más representativas de los aliados que habían participado en intentar derrocar a las potencias del Eje (formadas por Alemania, Italia y Japón).
 Conocida como la Conferencia de Postdam los tres estados aliados acordaron, entre otros aspectos de relevancia, la administración de Alemania y ciertos términos de rendición, entre  ellos un ultimátum, para el país nipón, el único de los países del Eje que aun seguía combatiendo, así como pautaron las bases de lo que había que hacer con Japón y la posguerra. 

  Cuestiones de calado geopolítico y posibles tensiones entre la Unión Soviética y los Estados Unidos propiciaron que los americanos, con el beneplácito del presidente Franklin D.  Roosevelt y de Henry Truman, tras la muerte del primero, llevaran a cabo una serie de pruebas militares de enorme calado relacionadas con la energía atómica.

 La negativa, el rechazo al ultimátum de finales del mes de julio por parte del Primer Ministro japonés, Kantaro Suzuki,  ciertos movimientos y declaraciones de Stalin, líder ruso, del que recelaban los estadounidenses, amén de la última batalla que fue una auténtica derrota, con gran cantidad de bajas, entre estadounidenses y japoneses (la Batalla de Okinawa entre mayo y julio de 1945), llevaron al siguiente movimiento militar: el lanzamiento el 6 de agosto sobre la ciudad nipona de Hiroshima, y tres días después sobre Nagasaki, de sendas bombas atómicas. 

 Ni la población civil japonesa ni el mismo estamento militar nipón podía llegar a pensar que aquel B-29, bombardero cuatrimotor de hélices empleado en los últimos años de la II Guerra Mundial por los Estados Unidos, pilotado por Paul Tibbets, piloto de la Fuerza Aérea Estadounidense, que sobrevolaba en solitario el cielo de Hiroshima, y días después sobre Nagasaki, transportase una carga tan destructiva.

 El 15 de agosto de 1945, tras la evaluación de los daños materiales y humanos (cerca de 150 mil víctimas mortales en Hiroshima y más de 70 mil en Nagasaki, así como de otras miles de muertes en el transcurso de la guerra), Japón, a través de su emperador Hiro-Hito comunicó a la población, y al mundo entero, su rendición.


Fuente de la imagen: EURASIA

Yo, el Emperador, después de reflexionar profundamente sobre la situación mundial y el estado actual del Imperio Japonés, he decidido adoptar como solución a la presente situación el recurso a una medida extraordinaria. Con la intención de comunicároslo me dirijo a vosotros, mis buenos y leales súbditos.
He ordenado al Gobierno del Imperio que comunique a los países de EEUU, Gran Bretaña, China y Rusia la aceptación de su Declaración Conjunta.
Ahora bien, conseguir la paz y el bienestar de los súbditos japoneses y disfrutar de la mutua prosperidad y felicidad con todas las naciones ha sido la solemne obligación que me legaron, como modelo a seguir, los antepasados imperiales y de la cual no he pretendido apartarme, llevándola siempre presente en mi corazón.
Por consiguiente, aunque en un principio se declarase la guerra a los dos países de EE.UU. y Gran Bretaña, la verdadera razón fue el sincero deseo de asegurar la autoconservación del Imperio y la seguridad de Asia Oriental, no siendo en ningún caso mi intención, el interferir en la soberanía de otras naciones ni la invasión expansiva de otros territorios.
Sin embargo, la guerra tiene ya cuatro años de duración. Y a pesar de que los generales y soldados del ejército de tierra y marina han luchado en cada lugar valientemente, los funcionarios han trabajado en sus puestos realizando todos los esfuerzos posibles y todos los habitantes han servido con devota dedicación, poniendo cuanto estaba en sus manos; la trayectoria de la guerra no ha evolucionado necesariamente en beneficio de Japón y la situación internacional tampoco nos ha sido ventajosa. Además, el enemigo ha comenzado a utilizar una nueva y terrorífica arma, cuyo poder destructor es incalculable, y que causa sus víctimas entre la población inocente. Si continuásemos luchando, el resultado no sólo consistiría en la destrucción y aniquilación del pueblo japonés, sino que también conduciría a la extinción de la civilización humana (…).Y si esto fuese así, cómo podría proteger a mis súbditos, mis hijos, y cómo podría solicitar el perdón ante los sagrados espíritus de mis antepasados imperiales. Esta es la razón por la que he obligado al Gobierno del Imperio aceptar la Declaración Conjunta de las Potencias.
      (Fragmento de la declaración del emperador nipón extraído de: Eurasia 1945 )

 Permitidme que haya ofrecido una pincelada algo extensa de este capítulo de los últimos momentos de la II Guerra Mundial, mas creo que era, y es necesario, para compartir mis impresiones acerca de la última obra leída y que tiene como telón de fondo la ciudad de Hiroshima y las consecuencias derivadas del impacto de una bomba atómica en la mañana del 6 de agosto de 1945. 

 De la II Guerra Mundial he podido leer en los últimos años algunas novelas, u obras ilustradas, que abordaban desde diferentes perspectivas y con matices variados algunos de los capítulos de esta segunda gran contienda bélica del siglo XX, sobre todo capítulos relacionados con la Alemania nazi y el Holocausto (en este blog he podido compartir algunas de ellas a lo largo de la existencia de este espacio como La historia de Erika, por ejemplo), mas hasta ahora no había podido leer ninguna que hiciese referencia a un hecho como el de la bomba atómica de Hiroshima.

 De nuevo la literatura japonesa, más allá de Murakami, me lleva a conocer otro autor y otro tipo de novela, una obra de la que había visto alguna referencia, pero hasta que no la tuve físicamente en mis manos no me atreví a leerla.
Autor: Masuji Ibuse
Título: Lluvia negra
Editorial: Libros del Asteroide
1969. Edición de 2007
388 páginas
ISBN: 978-84-935448-3-6

Publicada inicialmente de forma seriada en 1965, y un año después como libro, Lluvia negra, del autor nipón Masuji Ibuse, hace un retrato de las consecuencias de la bomba atómica en Hiroshima y los interrogantes que tiene la población sobre lo que ha sucedido realmente, sobre qué ataque con final tan devastador ha sufrido.

 Yasuko es una joven que pocos años después del suceso de 6 de agosto en Hiroshima está inmersa en toda clase de rumorología acerca de si puede o no contraer matrimonio dada la existencia de dudas y dados los rumores que apuntan que como consecuencia de los efectos de aquella bomba ha contraído la enfermedad de la radiación. Su tío, Shigematsu Shizuma, decide ante una eventual propuesta matrimonial que un médico acredite un certificado sobre la salud de su sobrina. Ante la acción de su familiar la joven Yasuko le entrega un diario de lo vivido aquellos días de mes de agosto de 1945.

 Masuji Ibuse, el autor de esta novela, va intercalando a lo largo de toda la obra lo expuesto en el diario de la joven con la historia de lo sucedido, así como la mención de ciertos documentos oficiales relacionados de una manera u otra con el bombardeo. 

Conforme va transcurriendo la acción narrativa y conforme uno va pasando las páginas se va descubriendo a través de lo vivido por Yasuko y de otra serie de personajes secundarios cómo es la reacción de cada uno de ellos desde el primer momento que estalla la bomba, qué van descubriendo (cómo quedan los edificios o ciertos elementos materiales, o los animales o las plantas de los alrededores) y cómo afecta esta bomba sin saber realmente la clase de artefacto explosivo que es.

 La cultura del esfuerzo de la población nipona también se ve reflejada en algunos fragmentos de la obra, o también apuntar, cómo recibía la población el hecho que ciertos ciudadanos con la enfermedad de la radiación no aportasen su granito de arena en las labores comunitarias.

  " Tanto el doctor de la clínica como el especialista de corazón en Fuchu habían sugerido que la pesca era una actividad sumamente recomendable en los casos de enfermedad de la radiación, tanto desde el punto de vista psicológico como porque en la dieta suponía una cuota suplementaria de grasa. [...] 
Aun así, el hecho de que una persona fuera a pescar cuando lo que cabría esperar de ella era que se dedicara a otros asuntos más apropiados para su edad, constituía también un motivo de resquemor para aquellos otros que no hacían sino trabajar."
   [...]
          (pág 26-27)

Es esta una novela de un autor japonés, casualmente nacido en un pueblo de la Prefectura de Hiroshima y que vivió el final de la guerra y por consiguiente lo sucedido en su localidad natal, pero no se trata de una obra de exaltación nacional en el sentido de exponer las bondades del pueblo japonés y la crueldad del ejército estadounidense. Sí, es una obra literaria contextualizada en un hecho como el de la bomba atómica caída en la mencionada localidad nipona, pero la mirada que aporta el autor va más allá.

 Con esta novela el autor consigue profundizar en los horrores de la guerra, en las secuelas padecidas por los diferentes sectores de la población nipona tras el estallido de la bomba, en cómo el estamento militar o algunos miembros de dicho estamento, actúan ante la carencia de provisiones, en cómo los hospitales no dan abasto ante la enorme cantidad de víctimas que van llegando a los distintas dependencias sanitarias, así como el desconocimiento acerca del tratamiento a llevar a cabo, 

 " La mañana del 8 de agosto se anunció de improviso que el número de pacientes era excesivo para la capacidad de acogida del centro, y que algunos tendrían que ser trasladados al hospital del ejército situado en Shobara,al norte del mismo distrito..."
 El número de heridos que iban llegando era, por supuesto, mucho más elevado que el de defunciones."

  [...]   (Pág 321).

y en cómo pueden las personas que estuvieron en un radio cercano al epicentro de la explosión estar afectados por la radiación.

 No voy a negar que es una novela dura, pero el autor, a mi parecer, logra con su prosa alejarse de cierto sensacionalismo y que no rehuyas la mirada más allá de lo permisible. Logra  Majusi Ibuse captar tu atención desde el primer instante acercándote a la muerte, a las consecuencias de una bomba de tales dimensiones y efectos. Si alguien decide en algún momento saber un capítulo de la historia de la población japonesa, aun siendo de desenlace trágico, es esta una obra totalmente recomendable y que invita a un profundo ejercicio de reflexión.